jueves, 20 de mayo de 2010
Se mordió los labios en afán de encontrar el sabor a sangre.., ese gusto peculiar que le llevaría a sobrellevar cualesquier arrepentimiento.
Enseguida apretó el puño, para darle firmeza al puñal, calculó el movimiento exacto para dividirle el corazón, y una nube canicular surgió al instante llena de aromas repugnantes.
Un viento mordaz sacudió su cabeza, era la ruleta que se había detenido en su número y con ella también su razón., otra vez se mordió los labios para comprobar su perdón.
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¿Es el perdón que obsequia la locura? La culpa es un "mal" de los cuerdos.
ResponderEliminarExcelente su rojez, sanguinaria.
Culposo... Manco Cretino